Soy emoción, soy caos.
No tengo un cuerpo, ni soy un cuerpo: Vivo en un cuerpo.
Soy el terror de los hombres, soy la conexión; aquello que desprecian con todo su ser y que intentan, en vano, cambiar; modificando el entorno y pisoteando sin éxito el efecto del mismo en ellos; reduciéndolo a una parodia sin sentido que les induce a tener sentimientos a los que ya no saben poner nombre porque se niegan a sí mismos.

Soy un animal, soy la Bestia que no entiende al humano.

Reducís todo a un método empírico, tangible, mientras en los aceleradores de partículas los átomos cambian su comportamiento si se someten a observación directa.

Os fiáis de unos sentidos que no comprendéis, alegando realidad o ilusión según lo que se os ha enseñado sin pensar fuera de vuestro pequeño cajón.

¿Cómo se siente saber que el cielo debería ser violeta, por ser la onda de luz más corta? ¿Cómo es pensar que lo que vemos no es más que una altruista confluencia del modo en que están configurados nuestros ojos, sustancias químicas y partículas que absorben unas frecuencias y reflejan otras?

¿Cómo sería ver el mundo de verdad, en su auténtico color?

¿Cómo pretendéis sostener en vuestras manos la verdad o la mentira cuando ni podéis reconocerla teniéndola delante de vuestras narices?

Mis pies se entierran para transformarse en raíces y con mis dedos puedo rozar la Luna, porque mi poder es mi voluntad.

Vuelo más allá de los límites de mi propia mente y soy una luz, ahora plata, ahora radiante como el Sol.

En mitad del vacío donde están todos, invisibles, donde hay oscuridad impenetrable, que se extiende hasta el infinito. Cambiante, sugestionable a mis deseos, una playa gris o un prado en mitad del bosque, en lo más alto de cuya torre encontrarme a mí misma.

O símplemente estar allí, en silencio, acogedor.

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